Así fui aprendiendo, que la vida seguía.
Así fui aprendiendo, que la vida seguía. Que el tiempo pasa y no va a esperar que tú estés listo para avanzar con él. Que los caminos no existen, tú los vas creando mientras caminas. Que el recorrido nunca va a ser el mismo, a veces vas a tener que escalar montañas y de pronto te vas a caer en huecos, huecos tan profundos que creerás imposibles de salir. Y ahí, te vas a dar cuenta que no eres el único que está en ese lugar y que juntos es más fácil subir. Y así fui aprendiendo, a dejar de caminar mirando al frente y comenzar a mirar al costado, a los que caminan conmigo. Que si bien tú eres el que crea tu propio rumbo y toma aquellas decisiones que forman tu vida, siempre va a haber gente a tu lado. Y que si todo sale mal, los que sigan son los que valen la pena mantener. Y que si todo sale bien, la felicidad siempre es mejor disfrutada si tienes con quien compartirla. Y así fui aprendiendo, que después de todo, tienes que estar en huecos tan profundos donde no llegue luz, ni logre ver a los que te acompañan para aprender a sentirlos, y sólo después de eso vas a poder apreciar plenamente cuando estés en la cima de una montaña con los que te ayudaron a llegar ahí. Que la vida nunca a ser como te imaginaste, pero si sigues tus sueños y luchas por ellos vas a llegar lejos. Y así fui aprendiendo, a recoger las piedras con las que me tropezaba para armar escaleras en vez de murallas.
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